Cubanos fuera de Cuba - 1994/1996

Entrevistas a ciudadanos cubanos fuera de Cuba.

Retratos irreconocibles de las personas entrevistadas acompañados de sus respectivos  textos editados sin nombres

V Bienal de la Habana, Habana Cuba.

Exposición “La Filomena”, Centro de la Imagen, CDMX.

HISTORIADOR

A los de mi generación nos sucedió que fuimos pasando de la filosofía de la reflexión histórica sobre los problemas de Cuba, a una especie de crítica de la política cultural oficial.

Para una incidencia eficaz en el proceso cubano, se advierten dos posibilidades: una, que las instituciones oficiales de la cultura nos abran espacio; la otra que las organizaciones alternativas de la cultura se desarrollen lo suficiente para que ellas sean las que nos abran un espacio.

Empieza a haber algunos cambios, aunque el Ministerio de Cultura no lo ha reconocido públicamente. Se está permitiendo la existencia de una serie de instituciones independientes o buscando fórmulas mixtas como el caso de la Fundación Pablo Milanés. Todas estas son señales de desintegración, más que de transición.

Yo insisto, con mi trabajo, que para que haya un cambio en Cuba. El punto de partida no son tanto las organizaciones disidentes, o los partidos políticos, sino una apertura a la opinión pública, que haga circular ideas y que active la nueva cultura política de la población. La Revolución logró una politización unilateral, totalitaria, tan efectiva que produjo una especie de analfabetismo político. En el artículo “ La otra moral de la teología cubana publicada en la revista Casa de las Américas; hago un cuestionamiento al providencialismo que la Revolución aplica a la historia, donde la ideología oficial pretende que en nuestra historia todo haya sucedido para que al fin llegara el primero de enero de 1959. Hay toda una elaboración mesiánica en torno a la figura de Fidel que trato de desmitificar entendiendo la historia como una estructura abierta, sin un lineamiento, sin un causalismo, sin una idea providencial, buscando contradicciones dentro del propio relato histórico de la Revolución Cubana, para salvar la pluralidad del pasado.

El discurso de los años sesentas fue una idealización de los héroes de la guerrilla.

El misticismo nacionalista de los cincuenta, se pierde cuando se declara el carácter socialista de la Revolución y Cuba se vuelve un país comunista. Los dirigentes manejan diferentes tendencias y discursos comunistas que crean facciones dentro del mismo gobierno. Lo que se descarta es la posibilidad de una ideología no comunista. Es muy curioso, por ejemplo que muchos católicos que le dieron forma al misticismo nacionalista, como los poetas del grupo Orígenes se vieran marginados a partir de ese momento y ahora, que hay una crisis, algunos emerjan como los organizadores del discurso ideológico de la Revolución.

La vuelta al nacionalismo revolucionario la dan los pensadores de la mística católica de la cultura republicana. Cuando Fidel decide aliarse con los soviéticos, empieza la primera gran depuración en contra de los miembros de ese movimiento, que no eran comunistas, pero estaban dentro del gobierno.

Mis trabajos polemizan con esa nueva corriente. Los cambios fueron muy traumáticos, por ejemplo, el nacionalismo demócrata del movimiento 26 de Julio, la corriente central de la guerra en la sierra, no era comunista ni anticomunista, sino socialdemócrata o de carácter demócrata liberal, ubicado en la tradición del populismo latinoamericano. A principio de los sesentas se había depurado a los grupos no comunistas, a partir del 67 y 68 se empieza la depuración de los propios comunistas, los viejos miembros del Partido Socialista Popular, porque inicia el apogeo guevarista y hay toda una recomposición de la clase política en busca de una alternativa al modelo soviético, que implanta un discurso que se formularía en los ochenta.

Se llegó a momentos de irracionalidad como la crisis de octubre, cuando Fidel estaba alentando una catástrofe mundial. Prefería que Cuba fuera la sede de una conflagración internacional, a que los soviéticos se vieran humillados ante los Estados Unidos. Ahí están las cartas de Fidel a Khrushchev donde sugiere lanzar el primer misil, lo que ni Kennedy ni Khrushchev querían, pero él sí. Eso habla de una mentalidad de confrontación que puede llegar a la locura.

Al inicio de los setentas se da otro reacomodo, esta vez contra los guevaristas y se impone el Marxismo Leninismo como doctrina. Se cierra la revista Pensamiento Crítico, viene la represión contra los homosexuales, caen en desgracia viejos guevaristas. El que se mantiene inalterable es Fidel y ciertas figuras como Raúl y Carlos Rafael Rodríguez. Llega al poder una nueva dirigencia, pragmática y  sin discurso, hija de las instituciones estatales, con gente como Roberto Robaina y Carlos Lage.

Los intelectuales hubiéramos podido incidir en un cambio en Cuba pero era difícil. Nos descalificaron sólo por el hecho de estar fuera, pero desde acá seguimos trabajando y polemizando. Los que seguimos publicando allá tenemos más oportunidad de incidir, aunque las ideas circulan sólo entre grupos independientes, como el de Reina María Rodríguez, instituciones alternativas que no dependen del Estado.

Otro grave problema para Cuba ha sido la política estadounidense. En los primeros meses de la Revolución se pudo haber llegado a un acuerdo con los Estados Unidos; Batista cayó, entre otras causas, porque ellos no lo apoyaron. La opinión pública norteamericana simpatizó con la Revolución. Hubo una especie de complicidad tácita que Fidel no supo aprovechar. Se fue directamente a la confrontación, por un gran ideal antiimperialista  que lo condujo a la alianza con la Unión Soviética, en plena guerra fría, estando a 90 Kms. de Estados Unidos.

Cuba se ha vuelto un problema de política interna para Estados Unidos por los cubanos residentes allá. Lo que quiere el electorado c ubano - americano es la desaparición del gobierno de Fidel Castro, por tanto, la política de Washington hacia la Florida depende de ese interés. Fidel aspira a un entendimiento con el gobierno norteamericano dejando a un lado el problema del exilio. No quiere entenderse con sus verdaderos enemigos, que son los cubanos expulsados de Cuba.

Hay dos caminos: o la reconciliación entre cubanos, que traería los mejores efectos para las relaciones con el gobierno estadounidense, o que éste se desentienda de la Fundación Cubano Americana y del electorado de la Florida y se arregle con Castro. Esto último sería catastrófico, porque el grupo cubano - americano boicotearía a ambos gobiernos. Insisto: la única manera de que haya un cambio, generado dentro de Cuba, es que el Estado Cubano se decida a abrir la opinión pública. La mayoría de la población quiere un cambio con el gobierno, no contra el gobierno.

Llegué a México en el verano del 91 a hacer un doctorado a El Colegio de México. Pensaría volver a Cuba sólo cuando haya posibilidades amplias para desarrollarme en el medio intelectual o académico.

CINEASTA Y POETA

Me hice cineasta por casualidad, yo quería ser abogado. Soy hijo de una familia de pescadores, mis padres eran semianalfabetas. Viví toda mi niñez en la pesca. Me puse zapatos por primera vez a los nueve años y aprendí a leer a esa edad gracias a una hazaña de mi padre. En Santiago de Cuba, donde nací, había un leprosario para atender a los haitianos provenientes de la trata de negros traídos a trabajar en la zafra azucarera.  En el año 45, se produjo un gran escándalo y se cerró por órdenes del alcalde.

Un buen día mi padre y mi tío se metieron de madrugada y se robaron todo lo de valor. Lo que más valía eran las camas de hierro. Se llevaron como 80 y mi padre las tiró al mar. Pasado el tiempo, las sacó y las llevó a un colegio de curas salesianos. Era el colegio de la pequeña burguesía de Santiago. La mitad las dio a cambio de que nos enseñaran a leer a mi hermano y a mí, y la otra mitad, por unas monedas. Así fue como aprendí a leer y recibí una educación buenísima. Muchos de los actuales dirigentes del gobierno, se formaron ahí.

Durante la Revolución fui miliciano, fundador del Ejército Rebelde, de los primeros hombres de Fidel. La Revolución cubana fue un fenómeno necesario, con sus logros y sus reveses, con sus errores y aciertos.

Al triunfo de la Revolución, tenía varias opciones:  ser abogado, político o artista. Lo de artista me vino de casualidad.  Estudiando derecho en la Universidad de la Habana y ya formado el Instituto de Cine, me nombraron administrador de una sala cinematográfica. El Instituto estaba integrado por gente preparada, con estudios en Europa pero que no habían hecho la guerra. Yo, que había hecho la guerra, no tenía cultura. Sin embargo, a los 3 meses de verlos trabajar decidí hacer una película. Escribí mi primer corto de ficción, un corto de arte de seis minutos. Lo hice y todos quedaron sorprendidos de que un pescador inculto pudiera hacer una película. Eso me valió que me mandaran a estudiar con una beca a la Unión Soviética, y estuve cinco años allá.

En el año 63, escribí mi primer libro de cuentos, mismos que publicaron. Desde entonces hago poesía. A mi regreso a Cuba aprendí a hacer documentales y seguí escribiendo, todo mi cine ha sido escrito por mí.

Soy un revolucionario, un contestatario, un periquillo sarniento. En cualquier país donde me encuentre, no haré negación de mi exilio. Lucho por el bienestar social, soy un hombre de Zapata, soy un hombre de Rubén Darío, de Proust, de Mayakowsky, de Walt Whitman, yo no soy un exiliado político, soy un caminante, soy un poeta, ese es mi credo.

ESCRITOR

Dudo que los pasos que se están dando sean una solución honesta. Me cuesta mucho trabajo creer que los  rumbos que tomó la política cubana entre los setentas y los ochentas tuviera al pueblo cubano como prioridad, más bien tuvo la ambición de poder. También dudo que en caso de un cambio al capitalismo de Estado, el pueblo sea la prioridad.

Mi generación, los que tenemos treinta y tantos años, fue la que menos salió perdiendo porque al menos creímos en la Revolución; fue el período de la influencia soviética, durante el cual confiamos en cambiar el País mediante recursos tecnológicos, y eso nos dio energía.

La mayoría de las tensiones que existen en Cuba tienen su origen en las expectativas personales que creó la Revolución en el desarrollo intelectual, o en la represión ejercida en terrenos muy concretos y sutiles como en la literatura y el teatro.

REPRESENTANTE ARTÍSTICO Y FILÓLOGO

Me gradué en la Universidad de La Habana de filólogo, pero esa disciplina no tenía mucho que ver con mi temperamento y poco a poco me puse a trabajar con artistas. Eso me permitió organizar mejor mi tiempo y pude estudiar historia del arte.

Tanto en Cuba como en México me he dedicado a la promoción de artistas y espectáculos. Allá lo hacía de una manera más independiente, no institucional, aquí tengo una empresa que me respalda. En Cuba era privilegiado porque había pocos promotores buenos y que les gustara su trabajo. Nunca trabajé con empresas culturales oficiales. No porque no quisiera, sino porque nunca me llamaron, lo cual ahora me complace porque los que lo hicieron cargan graves problemas por haber antepuesto sus propios intereses al trabajo: malvendían a los artistas, aun en condiciones inadecuadas, con tal de viajar. El trabajo independiente era difícil, porque la mayoría prefería el contacto con el Ministerio de Cultura. Siempre he pensado que los artistas no deben ser promovidos por artistas, sino por promotores que tengan gran conocimiento y sensibilidad cultural. No se pueden manejar como cuadros políticos porque eso no funciona.

Llegué a México invitado por Canal Once a dar unos seminarios en el año 92, y no pretendía quedarme. Presenté varios proyectos de mis grupos, pero choqué con una realidad muy difícil para la promoción de artistas cubanos. Aquí me di cuenta que el capitalismo es una historia muy diferente de la que me habían contado. Ambos sistemas son un desastre. Habría que unirlos para sacar algo nuevo y mejor.

Me siento muy satisfecho por haber vivido las dos experiencias. No sólo la promoción de un proyecto cultural es muy diferente en cada sistema, pues desde el planteamiento y desarrollo hasta la puesta en escena, los motivos son distintos.

Mi niñez fue muy feliz, mi familia era de condición humilde. Mi madre era un ama de casa analfabeta y mi padre hojalatero, pero mis cinco hermanos y yo pudimos ser profesionistas Se pueden decir muchas cosas malas de Cuba, pero las oportunidades que hemos tenido para estudiar no existen en otros países. Yo escogí la carrera que me gustó. No sólo teníamos la preparación y la infraestructura escolar, sino muchas oportunidades complementarias como acceso a teatros y cines, sin la preocupación de comprar boleto. Se podían ver filmes de todo el mundo y no sólo gringos como aquí.

En México da horror prender la televisión y ver la monstruópolis que es Televisa. Allá las telenovelas tienen, por lo menos, trasfondo histórico, están hechas con pocos recursos pero con contenido. Acá es como un monstruo que impone gustos.

Esto se está revirtiendo en Cuba. No es posible haberle dado ese nivel a la gente, que al menos tiene noveno grado y que son seres pensantes, muy conscientes de su desgracia. Para un individuo que se preparó, es muy frustrante ver que su vida no cambia ni progresa, ni tiene oportunidad de desarrollarse y mucho menos de proyectarse e intercambiar experiencias con gente de otros países.

El socialismo es un sistema muy complicado. Teóricamente bello, pero otra cosa es llevarlo a la práctica. Esa ideología me parece cualitativamente superior, pero no funciona. Nuestro sistema ha hecho del cubano un ser antiimperialista. La mayoría de la gente quiere cambios, pero no con los americanos, sino un cambio interno, gradual, paulatino, sin la hegemonía de alguien que ya rebasó su cuarto de hora y se convirtió en dictador.

EJECUTIVO DE VENTAS

Hasta los 18 años creí en Fidel y en la Revolución. Cuando entré a la universidad me di cuenta que había cosas que no funcionaban.

Ha habido una represión solapada: te dan carrera solo si cumples con tus obligaciones de militante. Es frustrante no tener trabajo cuando sales de la escuela, solo lo encuentran los que están en grupos de apoyo a Fidel. Recibes una buena educación, te preparan, sientes que estás listo para comerte el mundo y no puedes hacer nada. Uno siempre quiere más, el desarrollo es una espiral en ascenso.

Aquí me estoy haciendo un futuro. En Cuba me sentía morir, no podía hacer nada, sentía que estaba perdiendo el tiempo, sin aspiraciones ni esperanzas.

Mi padre fue revolucionario, el único que se quedó en Cuba de toda su familia. Con esas ideas nos crió. Cuando pude, lo mandé a Estados Unidos a ver a sus familiares, a quienes no había visto desde el año 78. Regresó muy cambiado y con la sensación de haber entregado su vida para nada. Creo que si toda la emigración cubana se hubiera quedado, ya hubiese pasado algo.

PINTOR

Nací en el 63, con la Revolución, no me preguntaron si quería ser marxista, católico o qué. Mi padre fue revolucionario, un fidelista ingenuo pero fuerte. Así me educaron. Cuando entré a estudiar al Instituto Superior de Arte empecé a tratar a los hijos de los dirigentes y me di cuenta de la fuerte diferencia de clases, eran evidentes los estratos sociales.

Radio Martí, entre tanta mierda que transmite, influyó mucho en que la gente se diera cuenta de lo que pasaba. Empezó a denunciar las propiedades de los dirigentes y algunas de esas informaciones se comprobaron.

Me pregunto en qué hemos avanzado. Se hizo una revolución para que todo mundo viviera mejor y no ha pasado nada.

MÉDICO

Era médico en un famoso hospital de la Habana, cuando se me notificó que la Seguridad del Estado me buscaba por problemas políticos y morales. Me tomó casi dos años salir de Cuba, lo conseguí en 1989.

Me criaron en el seno de una familia revolucionaria, muy conservadora, que estuvo cerca del poder. Fui a la escuela con los hijos de los revolucionarios, que era la clase privilegiada. Pasábamos los veranos en unos yates que tenían los dirigentes en Varadero, comíamos en los mejores restaurantes de la Habana, nos íbamos de paseo a unas fincas muy grandes en Santiago y pensaba que toda la gente vivía así. Pensaba que vivía en un país donde todos éramos iguales, donde todos teníamos las mismas opciones, hasta que me di cuenta que era un niño privilegiado que nunca salió de Miramar.

Fue hasta que estudié Economía política en la Universidad, que entendí el círculo del capital, de donde sale la riqueza. Me cuestioné y me sentí un parásito de la sociedad. La otra experiencia que me hizo entender mi situación fue ir a prácticas a una policlínica a la Habana Vieja que yo solo conocía de paso a Varadero.

ESCRITOR

Una de las tragedias de nuestro país es que buena parte de la intelectualidad está fuera de Cuba. Tenemos la idea de formar un grupo que reúna a los intelectuales cubanos que vivimos en México y en otros países, para hacer un centro de información de nuestro país y reunir toda la producción que se está dando fuera. Existe interés en recuperar las tradiciones que se perdieron con la institucionalización de la cultura causada por la Revolución; ésta dio como resultado una expresión monolítica con la cual se perdieron las tradiciones y particularidades de cada región.

El escritor produce donde sea y bajo cualquier circunstancia, pero creo que el exilio amplía su horizonte. A los escritores de mi grupo literario se nos nombró Novísimos. Somos los nacidos con la Revolución y nuestros temas se centran en el desencanto, la desesperanza y la frustración. No sabemos hasta donde llegó la Revolución y si ya acabó. Creo que tenemos una obra que salvaguardar, más allá de cualquier principio político. Para el artista, el sentido de su vida es su obra y, por el momento, es imposible desarrollarla en Cuba, no solo por los problemas políticos, sino también por los económicos.

Los cubanos tenemos el germen de la utopía, no nos conformamos con la caída vertical de aquello en lo que creíamos. Todos tenemos la esperanza de que el mundo mejore, pero lo que nos dejó el sistema cubano, es como para no creer el él. Fue Cuba la que dio el pretexto para que toda América Latina se llenara de regímenes militares. Si el sistema político de Cuba no sirve, el mexicano tampoco, no me gusta.

Debemos todos aportar algo al mundo para cambiar, para que vuelva a germinar algo nuevo o mezclar tendencias para mejorar la situación. Es muy difícil deshacerse de una ilusión. En Cuba no ha habido el nivel de corrupción que hay en otros países, pero las leyes han hecho intocables a los dirigentes. No tenían dólares pero sí el poder. Antes había pobreza en Cuba, pero había dignidad. Hoy hay miseria moral y espiritual, hay un sentido de frustración por haber sido usados por la vida, por la historia. La gente solo quiere conseguir dólares para irse. Todo esto se mide con la prostitución.

PINTORA

Siendo pintor en Cuba tú tenías más tranquilidad, las presiones eran más limitadas. Te daba tranquilidad no tener la presión de ser un pintor de gran mercado. No satisfacías necesidades mayores  pero tampoco las creabas. Los cubanos no hemos tenido necesidades mayores, han sido tantos años de estoicismo, de sacrificio que sabemos vivir muy en lo elemental.

Nosotros estamos descentrados, yo me digo "ya perdí mi centro" tengo que cambiar la conducta de mi vida. Perdí mi centro que es mi país, mi familia, mis amigos, hay que generar y disfrutar la vida de otra manera, Lo que sí trato es que lo más profundo de mi investigación no se pare y que la producción no se afecte.

Todo el mundo tiene la esperanza de que esta situación pase, que sea eventual, pero cuestionando mi regreso pienso que ya salí del útero y no quiero regresar a él.

FOTÓGRAFA

A mí me enseñaron a pensar y ahora no me dejan.

En Cuba ha habido un mecanismo de control. Y mas que de control, de límites. Limitaron el pensamiento. Esos límites hicieron que hubiera desconfianza, que la gente se desanimara, y así empezaron a surgir movimientos lógicos, dialécticos porque una cosa da la otra. Truncaron ese movimiento, truncaron un pensamiento que sí existió.

Todo necesita renovación, lo que en un momento es un movimiento revolucionario, de avanzada, después de diez años ya no lo es.

Toda la generación, la de mis padres, que pasan de los cincuenta fue muy revolucionaria, Fueron el despertar de un movimiento internacional muy fuerte, que ya no lo es más, que. se quedó estancado, porque no hubo un desarrollo dialéctico. Ellos mismos malinterpretaron el marxismo, hicieron con él lo que quisieron.

A finales de los sesenta hubo en Cuba un fuerte movimiento universitario con un pensamiento crítico. Esta gente –todos filósofos- planeaba un pensamiento autóctono, propio de nuestra realidad, no de la soviética, alemana o cualquier otro pensamiento importado, una filosofía que soportara, que apoyara un nuevo vivir. No se les permitió, lo eliminaron.

BALSEROS

Por formar el Partido Cubano por los Derechos Humanos de la Fundación Nacional Cubano Americana, hemos sido perseguidos por la policía. Nuestro Partido lucha pacíficamente por la reivindicación de los derechos humanos. Nuestras actividades son la ayuda a presos políticos y sus familiares. Hay muchos partidos de oposición, el nuestro es nacional y clandestino. Muchos de nosotros no pensábamos salir de Cuba, pero tuvimos que hacerlo porque nuestras vidas peligraban. Salimos el 24 de febrero de 1995 y llegamos a Contoy Qintana Roo en la costa mexicana, después de tres días.

Es la primera vez que salgo de Cuba en 39 años que tengo. Es la primera vez que monto en un avión y he visto cosas que nunca me imaginé. He comido alimentos desconocidos para mí, como manzanas y carne. Vemos maravillados cosas que aquí son normales. Nos sentimos raros, es una situación muy extraña. Sufrimos un cambio completo en nuestras vidas, hasta los sueños son diferentes.

El viaje lo organizó nuestro partido. Todo fue secreto incluso los aspirantes lo supieron antes de salir, por miedo a las denuncias. Es un gran dolor dejar a nuestras familias, pero sólo de fuera podemos ayudarlas.  No podemos arriesgar a nuestros hijos. Si a nosotros nos matan nada se pierde, pero con los inocentes sí, porque no han vivido su vida.

Una de las causas de mi despido fue pertenecer a la iglesia católica. El Departamento de Estado me cesó por estar en otras actividades. El cargo: mi conducta política y social, pues no se apegaba al proceso revolucionario. Preferí morir en el mar que morir en la tierra. En el mar moriría libre y en la tierra moriría de una paliza o de un tiro.

Estoy aquí lleno de pensamientos e ideales, pero no me he liberado de los sentimientos, porque  un hombre que abandona su tierra y deja a su familia nunca es libre.

Salimos 12 en una pequeña embarcación construida por nosotros. Las balsas se construyen a partir de las cámaras de tractores y camiones Se forran con lona, se amarran con tiras de la misma lona, el tamaño de la balsa es de acuerdo al número de personas que va a viajar.

DISEÑADOR

Las cosas que están pasando en Cuba te confunden, pesabas que el país se iba a pique y en unos meses resurge como el ave Fénix. Esa economía que estaba agonizante puede tener un resurgimiento, pero es terrible saber que todo lo que estaba prohibido, ahora está autorizado. Antes no se permitía a cualquier persona ingresar al Partido, sin embargo, ahora se les permite la entrada a religiosos, homosexuales, gente de diversa opinión. Se ve que se están quedando solos.

Tengo mucho miedo al cambio drástico en Cuba. La experiencia de los países socialistas nos demuestra que no se preparó dialécticamente el cambio a una sociedad capitalista.

PINTOR

Llegué a México en el 91. Fue un período de transición hacia Estados Unidos, porque el estatus legal que te brinda México no es atractivo. En México sentía que todavía dependía de Cuba, mientras que en Estados Unidos, por política, enseguida te dan la ciudadanía, es el país ideal para el inmigrante cubano. Me haré ciudadano por conveniencia y en términos prácticos, pero seguiré siendo cubano siempre, eso no me preocupa.

En México no hay espacios para nosotros, es un país con una cultura muy sólida, un poco impenetrable, más bien te asimila, te hace parte de ella. Trabajé en la Universidad de Monterrey y ahí maduré muchas ideas, entendí muchas cosas de la cultura mexicana que había visto pero no comprendido. Vi el México de verdad, el del campo y el de lugares donde no se ha impuesto la civilización que pretende  ser  norteamericana  Además conocí la obra de muchos artistas.

México tiene un sistema capitalista, pero es más suave, ahí tienes más tiempo para pensar.

La corrupción que percibí allá  no la he sentido aquí, pero la violencia es similar. Estados Unidos tiene una cultura racista pero no xenofóbica, ya hay varios cubanos en puestos públicos.

En Cuba yo vivía muy bien. Como era artista oficial, disfruté de todos los privilegios. Hice carrera pero no me gustaba la perspectiva de hacer, como un cordero, todo lo que me pedían. Por eso decidí salir. Estados Unidos ha sido el lugar adecuado para probarse. El que ha logrado ser un gran artista en México ha tenido que ir a probarse allá. Además, otro atractivo de Estados Unidos es el dinero, la base de todo.

En Cuba me pagaban con buenos materiales, con cosas que no me puedo comprar aquí, pero a costa de control y manipulación. Reconozco que no nos impusieron un estilo, tuvimos tiempos de grandes privilegios. La censura llegó cuando empezó el éxodo, más o menos en el 87. De ese año al 89 la cuchilla tumbó muchas cabezas.

No vivo de mi pintura. Como muchos otros artistas, trabajo en otras cosas. Aquí gano el dinero en museos, moviendo cuadros, colgando exposiciones, pintando paredes.

Hay grandes diferencias entre los distintos exilios, aunque ahora siento que nos estamos uniendo. La perspectiva de los cubanos de Miami es que cuando el régimen de Fidel caiga, ellos serán los cubanos ricos y los de allá, los pobres. Las inversiones de los de acá harán crecer la economía.

Me da pena lo que está pasando en Cuba. La intelectualidad y la cultura están en una crisis terrible, el éxodo está dejando a la gente sola, el país se está depauperando.

ESCRITOR

Estudié en Moscú casi dos años, llegué a México en 1991 y aquí me quedé.

Escribo ensayos, hago crítica literaria y traduzco, sobre todo, poesía. En Cuba formé parte del grupo Paideia, junto con otros escritores y artistas. Era un proyecto que pretendía reformar la política cultural de la Revolución. Por allí desfilaron los artistas más importantes de los años 80, los mismos que luego se vieron obligados a emigrar.

Paideia hizo un llamamiento a los intelectuales, con un documento bastante polémico, en contra de la política oficial, que tuvo las consecuencias clásicas: censura, marginación, acoso. Durante dos años no pudimos publicar en ningún lado y hasta el medio intelectual nos consideró una especie de grupúsculo demasiado politizado.

Pero no me interesaba hacer carrera de disidente. Por eso vine a México, donde di clases en varias universidades y empecé a publicar en diversos medios. Hoy trabajo como editor y tengo un vínculo más o menos constante con la revista Vuelta y el grupo de intelectuales que allí publican.

Políticamente, me considero más bien conservador, "de derechas", si es que esa expresión tiene algún sentido hoy día. Creo que el liberalismo es el sistema de convivencia más civilizado que podamos encontrar, pero adolece todavía de un espejismo igualitario.

Creo que en Cuba estamos asistiendo a la decadencia de una cultura, pero también al advenimiento de otra no menos decadente: las élites intelectuales marginadas por compromisos políticos y académicos, la ideología en contra del estilo y las revisiones “multi-culti” del canon criollo.

Están tan ocupados nuestros cubanólogos en descifrar el origen del Mal que han olvidado que el Gran Proyecto de cualquier dictador, Fidel Castro incluido, es anular el Paisaje para imponer la Historia, sustituir el idilio de la cultura por el idilio de la política.

México me parece un país más interesante, con una cultura viva aunque dominada aún por muchos espectros y fantasmas: una especie de Walpurgis histórico. Eso le otorga un particular interés para alguien que no cree en el progreso de la cultura ni de la sociedad.

Tengo miedo que en Cuba se cree un mercado hecho posible por nuevas reformas y sin embargo no se cree un sistema de opinión liberal, que no haya libertad social y que no haya repartición de la esfera pública, sino que el Estado controle la moneda y pueda controlar el mercado económico.

FOTÓGRAFO Y PINTOR

Llegué a México en el 91. Me quedé un año tres meses, fue imposible arreglar papeles, así es que aprovechando una invitación para exponer en Estados Unidos, decidí quedarme en Miami y al poco tiempo encontré una galería que me representara.

Al principio me pareció un lugar medio extraño, pero me fui convenciendo, sabía que me iba a sentir de nuevo en Cuba.

Este es un país de emigrantes y en Miami la mayoría son cubanos, cosa que ayuda para comenzar de nuevo, hay muchos amigos. Los grupos de emigrantes tienen diferencias muy marcadas. El primero que salió fue por problemas políticos, era gente con dinero a los que les habían quitado todo. Estoy hablando de industriales, terratenientes, médicos, comerciantes, empresarios, no había intelectuales ni artistas porque la mayoría de éstos apoyó a la Revolución. Los pocos que disintieron tempranamente, se fueron a Europa.

En esa época Miami era una ciudad muy chica. La ciudad y la economía crecieron con toda esa gente, pero el ambiente cultural no existía.

La segunda emigración grande fue la de Camarioca, provocada por la gente que iba en busca de sus familiares ya establecidos en Miami. Esto causó un problema interno en Cuba, porque a los miembros de familias que mantenían contacto y correspondencia se les negaba trabajo, estudios, se les obligaba a un rompimiento total.

En ese grupo tampoco vino un número considerable de intelectuales.

Después viene Mariel, en 1980. Esa fue una jugada macabra porque dio pretexto para vaciar los manicomios y las cárceles, cosa que convirtió a Miami en un lugar peligroso por los robos, asesinatos y violaciones. Ahí sí salió un grupo pequeño pero significativo de intelectuales, pintores y algunos profesionistas que empezaron de cero.

En contraste con todo esto, el grupo que vino a través de Guantánamo, trajo todo tipo de gente, pero esencialmente intelectuales y artistas profesionales.

Por último, en el grupo de cubano-americanos, gente ya nacida aquí, hay personas de mucha valía, excelentes intelectuales, pero sin compatibilidad con el movimiento intelectual de Cuba. Esa es la gente que consume el arte hecho por nosotros.

PINTOR

La idea de mi obra surge a partir de la frivolidad.

Pintar el mundo de los valores como una vuelta a la aristocracia que veo venir de nuevo, para bien o para mal, tal vez por culpa del socialismo; como una vuelta al dinero, una vuelta al capitalismo aristocrático, no al capitalismo típico que se conoce.

"Colección Privada" es el título de una serie de cuadros dedicada a mujeres de una aristocracia perdida, española, muy antigua; un tipo de mujeres que yo denominaría "Yuppies de la Revolución";  mujeres muy guapas que vivían con cierto lujo y gracia, parecían corredoras de bolsa neoyorquinas que me encantaban, pues le daban cierta gracia a la Habana...

Creo en el dinero y en las propiedades, las necesito. Por eso quiero que mis cuadros sean especulativos más que obras de arte; el futuro del arte lo considero como una cuestión de ciencia ficción.

ARQUITECTO

Salí de Cuba en el año 90 hacia Budapest, en medio de la caída del bloque comunista. Estuve allá casi dos años y en el 92 me vine a Miami. Trabajé durante cinco en una oficina de la ciudad haciendo remodelaciones de edificios históricos, recuperación urbana y proyectos urbanísticos especiales.

Al llegar la Revolución hubo un tremendo momento de creatividad. Todo se valía, todo se alteraba, y en ese relajo momentáneo se encontraban posibilidades de expresión. Con el tiempo el sistema se institucionalizó y degeneró en dictadura.

En la década de los sesenta se dio en Cuba una gran controversia entre la arquitectura humanista y la tecnológica y científica. De esa pelea salimos perdiendo los humanistas. incluso tuvieron que exiliarse muchos de ellos, pues su arquitectura no representaba los intereses del sistema. Era considerada idealista, medio loca y un culto a la individualidad. Un ejemplo de ella son los excelentes edificios de las escuelas de arte.

Mi generación buscó escapes a lo rígido de la práctica profesional para expresarnos más libremente. Hartos de los términos de expresión en uso, empezamos a vincularnos con artistas plásticos, haciendo trabajos sobre la utopía y la realidad, realizando actividades interdisciplinarias, jugando. Esto nos hizo sentir más cómodos que estar a pie de obra en construcciones intrascendentes. Los proyectos de vivienda, sobre todo en el este de La Habana, venían desde Batista y se empezaron a ejecutar a la llegada de Fidel al poder. No son producto de la Revolución sino de la continuidad. La Plaza de la Revolución se concibió desde 1905 y la propuesta era colocar ahí el Capitolio Nacional, el centro de gobierno. En 1953, para conmemorar el centenario de Martí, el gobierno de Batista construyó un conjunto de carácter modernista que Fidel convirtió en el escenario de sus discursos y de los desfiles militares. Quiso hacer del lugar algo como el Kremlin y representativo de su poder.

En la arquitectura socialista te obligaban a usar códigos y esquemas importados de la Unión Soviética. Un ejemplo es el sistema que enviaron los soviéticos en los años sesenta para reconstruir Santiago después de un ciclón. Era viejo, obsoleto y climatolágicamente nada tenía que ver con Cuba.

Aquí en Miami he encontrado todas las trabas de un inmigrante. Sin embargo ya empecé a dar clases, cosa que en Cuba nunca pude hacer porque mi línea de pensamiento no se ajustaba a la proyección de la escuela.

PINTOR

Reconozco que el plan de salud de Cuba ha sido bastante bueno, además de gratuito.

Ahora las cosas están muy mal, la gente tiene acceso a los hospitales pero las medicinas están muy escasas. En Cuba siempre ha existido la costumbre de atenderse con curanderos y santeros, y aunque esto no estuvo del todo prohibido, era causa de represiones sutiles, como no poder ascender en tu trabajo o presiones a tus hijos en la escuela. Ahora la santería se ha intensificado y abierto, al grado de ser usada como asunto turístico.

Cuba siempre ha sido un país subvencionado, nunca ha producido nada. Las políticas agrícolas han sido un desastre. Aquí la naturaleza no ha sido dañada por la industria, sino por el ejército, que ha destruido grandes complejos de grutas y cavernas para hacer bases militares subterráneas.

Creo que en estos momentos se está implantando en la isla un raro sistema capitalista donde los únicos excluidos somos los cubanos.

AMA DE CASA Y POETA

En Miami he pasado por todo tipo de estados emocionales, pero en general me siento bien.

Creo firmemente en la importancia de la familia. Quien ha logrado sacarla de Cuba y la tiene reunida, esta salvado. Con la Revolución existió una marcada tendencia a romper la familia. Las milicias, las madres ocupadas, los hijos en el campo recibiendo adoctrinamiento, eran condiciones que mantenían a las familias separadas por largos períodos. Las posturas políticas fueron otro factor de rompimiento, no estar de acuerdo distanció a los familiares.

Mi familia se disolvió desde que algunos de sus miembros empezaron a salir del país. Te causaba problemas mantener relación con ellos, era suficiente para que te vigilaran y tuvieras dificultades en el trabajo o en los estudios.

Cuando alguno de los miembros se casaba tenía que vivir con el resto de la familia por no disponer de vivienda, lo que causó aglomeraciones, problemas de promiscuidad, pues las casas se dividían en espacios ínfimos Todo esto trajo dificultades en el desarrollo de la independencia.

Mi hijo fue uno de los motivos principales para pensar en salir de Cuba. Yo no estaba convencida del rumbo que tomó el sistema y educar al niño en mis convicciones le provocaría un problema de desadaptación, puesto que en la escuela recibiría otro tipo de orientación ideológica. Solo pensar que mi hijo tendría que ir a Angola a los 16 años me aterraba.

BUZA Y BALSERA

A mí siempre me gustó todo lo relacionado con el mar. Yo quería estudiar sociología marina, oceanología, pero era muy difícil, no por el promedio que se requería, sino por lo integrada que estuvieras a la sociedad. Si tienes familiares fuera de Cuba y estás en contacto con ellos, te marca. Aunque tengas buen nivel, o promedio alto, no te admiten. Además, nunca estuve de acuerdo con el gobierno y eso me produjo muchos problemas, desde muy temprana edad. Las dos razones por las que no pude estudiar mi carrera fueron ser de familia disidente y ser mujer.

Mi rebeldía desde la infancia me impulsó a irme de Cuba. Hice tres intentos en balsa antes de la crisis de los balseros. La primera vez tuvimos que regresar por una marejada muy grande; íbamos tres, dos chicas y un muchacho. En el segundo intento salimos dos muchachos y yo. En esa ocasión vino el guardacostas y nos echamos al mar para que no nos cogieran. Nadamos como cinco o seis horas, casi toda la noche hasta que llegamos a la orilla arañados, heridos por los riscos de la playa. La tercera vez fue en Varadero. Dos amigos y yo conseguimos una buena balsa y salimos con alimentos y agua. Nos encontró un pescador y nos denunció. A los tres nos llevaron presos y nos tuvieron cinco días incomunicados. A mis amigos los torturaron para que hablaran y yo tuve que admitir que estábamos huyendo.

Varios meses después, conocí a un español, nos enamoramos, nos casamos y nos fuimos a Barcelona.

En España me fue muy bien, entré a un grupo de buceo. Ahí el mar no era como en Cuba, pero hice lo que a me gustaba.

Después de tres años me entraron ganas de ver a mi familia. Yo tenía una meta que es muy de cubanos: llegar a los Estados Unidos. Lo prohibido es lo que tú más quieres hacer, lo americano ha sido lo malo en Cuba, entonces es lo que se antoja, lo prohibido es lo más sabroso, lo más excitante.

Fui a Madrid a solicitar visa para los Estados Unidos y me la negaron. Esperé seis meses para volver a pedirla y debido a mis antecedentes políticos me la volvieron a negar. Salí hacia México, mirando la posibilidad de entrar por la frontera norte. Conseguí papeles y pedí un visado para Estados Unidos entrando como mexicana, no lo logré. Me subí a un avión y llegué como los llamados balseros aéreos que consiguen un boleto, no les piden pasaporte y cuando aterrizan no hay quien los baje porque la ley los ampara.  Les ofrece asilo político, los meten dos o tres días a una especie de reservación en el aeropuerto, después de una investigación los retienen mes y medio. En el tiempo en que yo lo hice, había como 300 o 400 cubanos, esperando a que les tramitaran permisos de trabajo. Una vez que consigues, te dejan ir.

Aunque estoy cerca de mi familia, Miami no me gusta, porque aquí todo hace eco en lo material. No es lo que yo esperaba aquí vivo muy estresada, no tengo control de mis reacciones.

No he hecho buceo. Estar cerca del mar y no tocar el agua, no tener cabeza para centrarme en eso, me dice que no estoy bien. No tengo la tranquilidad que se necesita para bucear, pues no consiste sólo tirarte al agua, se necesita paz y ecuanimidad para hacerlo. Aquí se trabaja más de lo que se vive y yo estoy más por vivir que por trabajar.

PINTOR

La experiencia en Moscú fue dura. Iba con el gran entusiasmo de llegar a la cuna del socialismo y encontré puras manifestaciones de protesta, mítines y huelgas. De eso en Cuba no se sabía nada, la prensa siempre vetó toda la información sobre el derrumbe de los países del Este. También me percaté que el arte era muy oficial y que había un desfase de información.

En Cuba se trató de imponer el realismo socialista como política cultural, pero como no encajaba en nuestra cosmovisión, nunca prosperó. El cubano no es tan esquemático, tan duro y tan cerrado. Además nosotros estamos tan cerca del pop como de otras vanguardias americanas.

DIRECTOR DE CINE

El problema del exilio cubano o de la emigración hay que verlo desde que Cuba empieza a tener conciencia como nación, o sea a partir del siglo X1X, cuando aparece un mito cubano muy bello, lo cita un teórico de mi generación, Iván de la Nuez. Se refiere a Matías Pérez, uno de los primeros hombres que abordó un globo y se elevó al cielo y jamás regresó. De la Nuez tiene la tesis, muy poética de que éste fue el primer intento de trascender la insularidad de la nación cubana.

El conflicto de todo isleño: irlandeses, cubanos, japoneses, ingleses, canarios, es trascender eso que llamaba Virgilio Piñeira " la maldita circunstancia de esta isla rodeada de agua por todas partes". Por lo tanto el exilio cubano no sólo tiene motivos económicos o políticos, sino una esencia antropológica proveniente de la condición isleña que  promueve una sensación de inseguridad, inestabilidad,  desigualdad, desconexión con el mundo.

El individuo de la isla siempre tiende a una seguridad tectónica, es un egocentrismo que vive desde un punto de vista más antropológico que cultural. No es buscar Nueva York o París por el apetito intelectual, cultural o por el clamor de las ciudades, sino por zafarse de un lugar de cautiverio, porque la isla es un lugar de donde no te puedes mover. La Revolución  acrecentó el conflicto de insularidad del cubano en lugar de resolverlo. Fue como poner más alambradas al mar. Por eso hay esa apetencia, esa ansiedad, esa necesidad de salir. Por otro lado Cuba es una isla que a pesar de su aparente intrascendencia como nación, como país y como geografía, siempre ha tenido una necesidad de pertenencia e integración al mundo. Siempre ha habido gente importante. Eso de que los hay gracias a la Revolución, es mentira.

La de Castro se ha caracterizado por ser una dictadura con una poesis. Es una dictadura sutil, con dominio del lenguaje, no la cosa burda y brutal de un Pinochet. Fidel maneja muy bien su personalidad, su proceso, su obra- que además es una obra colectiva de la cual se apropió y de la que tenía derecho solamente a una parcela de lo realizado por miles y miles de jóvenes, intelectuales, guerrilleros, universitarios gente de la calle. La Revolución fue un proceso democrático, no la magia de un solo hombre.

La esencia del problema de la educación es si es gratuita o no y empieza con la alfabetización de 1961. El objetivo fue llegar a un nivel de educación e instrucción académica básica para toda la población, lo que no quiere decir que las mayorías se hicieron cultas ni con una espiritualidad elevada. La escuela fue gratuita entre comillas porque, como decía Martí “el capitalismo es la explotación del hombre por el hombre pero el socialismo es la explotación del hombre por el Estado”. Y el Estado de la Revolución cubana explotó a su pueblo y lo sigue explotando.

Sí teníamos una preparación, pero no le agradezco la preparación que tengo a Fidel Castro. Le agradezco a Manuel Moreno Fraginals, mi maestro de cultura cubana, o a Gustavo Pita, un filósofo formado en las universidades rusas, y a muchos otros maestros que nos pasaron algunos libritos para fotocopiarlos, porque en Cuba no se publica a los autores considerados enemigos. Un país que no acepta la contradicción y la diferencia no puede tender al desarrollo.

La Revolución creo un Instituto de Arte bastante limitado. Yo estudié en una escuela de cine donde no había ni una cámara ni un set de edición ni un casete, nada. La escuela de San Antonio de los Baños ha sido una escuela para extranjeros para ofrecer una imagen al mundo pues solo tres cubanos entraban por año. Pude tomar unos talleres ahí gracias a mi amistad con Fernando Birri, si no, no hubiera ingresado jamás. Castro inventó esa escuela a raíz de la aparición del canal de Miami llamado Tele Martí, un canal que iba a entrar a Cuba. Como ellos no tenían como responder, dijeron “vamos a formar gente que responda a esto”. Claro, la telecomunicación resolvió aquel conflicto desviando la señal y nosotros ya no hicimos falta.

Jean Paul Sartre explica en su ensayo Ideología y revolución que la Revolución Cubana no tiene una ideología, una idea que marque la praxis o que nazca de la praxis, sino una idea que él llamaba la ideología del rebote. Recuerden el famoso Cordón de la Habana. A Fidel le dio por tirar todos los árboles de fruta y sembrar café, cosa anticientífica, pero al loquito  se le ocurrió que también era ingeniero agrónomo y acabó con todos los árboles de fruta, en un país frutero. Después, le dio por la zafra del 70 que fue otro fracaso. Y así hizo con varios cultivos y nada de eso servía. Se trata de una ideología económica que ha sido improvisada todo el tiempo, conviniendo parchecitos y errores, contestando a la propuesta que nos hace el enemigo de afuera. Porque Cuba siempre se ha definido en función del enemigo externo y nunca en función del enemigo interno. No hemos querido reconocer que tenemos al enemigo ahí y que nos ha vendido, además, como el redentor de la nación. Porque en Cuba existe el hambre que había antes del 59, hay una gran cantidad de enfermedades y la gente se muere como hormigas.

Una cosa curiosa: no vas a encontrar en ningún texto o discurso, de Fidel una alusión, una apelación al amor. No vas a encontrar en la historia de Fidel Castro un discurso a los enamorados, un discurso al amor que sí existe en la historia de Martí. El sentimiento más fuerte que tenía José Martí era la piedad. Fue un hombre capaz de perdonar a sus propios asesinos.  A Fidel Castro lo desmientes, discrepas con él y te fusila. Hay miles de cubanos, dentro y fuera, que tienen un pariente fusilado.

¿Cómo te explicas que en los años sesenta, en que se dan los grandes movimientos como el hippie, el feminista, los Beatles, el movimiento gay, los movimientos de liberación nacional, estuvieran vetados en Cuba?. La Revolución acaparó la atención y expectativas de todos, pero el país empezó a desfasarse del resto del mundo. Todos los prototipos sesenteros se prohibieron. La vanguardia del arte, la base de la posmodernidad, el momento de esplendor de las grandes utopías, quedaron fuera. Los dirigentes se metieron a todo el mundo en el bolsillo, veías a todos esos tipos llenos de barbas, hermosos, redentores, libertadores, dándole al pueblo el poder, pero todo eso era un eufemismo. Eso lo sabe el mundo entero, pues no hubo más que el poder para una élite de políticos y militares. Otra cosa que hizo Fidel Castro fue abolir la libertad de credo, impuso el ateísmo como ideología religiosa básica.

¿Cuántas mujeres has visto en Cuba cerca o en poder? En un país de machos, la mujer gobierna, pero la casa, es la que lleva la familia, la que no deja que se desmorone, cosa que niega Fidel porque él nunca tuvo familia.

En un ensayo que hay sobre la familia cubana, se ve lo que hizo la Revolución. Las guerras en Angola, Etiopía, Vietnam, Nicaragua, tuvieron a  la gente fuera de sus casas por años. ¿Qué relación se salva con eso?. Ahí se acabó la familia. Los contingentes cañeros, azucareros, de la construcción, pasaban meses sin ver a su gente. Otro elemento que ayudó a destruir a la familia fueron las escuelas en el campo. Yo, por ejemplo,  desde la secundaria pasé todas las semanas en el campo y durante cinco años, en la edad más importante, vi a mis padres solo los fines de semana. ¿Por qué? porque éramos una fuerza laboral gratuita. Se nos pagaba con la educación, una educación tirana impartida en semicárceles.

Esto podría parecer una buena formación, pero depende de la voluntad individual y del contexto familiar, porque también ahí se formaron la mayoría de los delincuentes que están presos. Ahí aprendieron a robar a darle un machetazo a otra persona, a arrancarle un brazo si tenías que hacerlo para sobrevivir.

Los hacinamientos de más de 200 personas donde existía la ley del más fuerte, propiciaban conflictos raciales, abuso del poder.

Martí fue el primero que dijo que los niños tenían que aprender a trabajar la tierra. Como proyecto es bellísimo, pero el fin con el que se hizo jodió la cosa.

Ahora me doy cuenta que estaban preparando una generación para la guerra, esos fueron nuestros primeros entrenamientos adolescentes para una Angola, una Etiopía, guerras todas que hizo mi generación

Estudié ingeniería civil hidráulica tres años, más los estudios de cine y te puedo contar con los dedos de esta mano, la cantidad de negros que había en mi clase. No por falta de capacidad, sino por un problema social. Les dieron acceso a las escuelas pero siguieron viviendo en las zonas marginales como antes de la Revolución, siguieron reproduciendo patrones y valores culturales residuales y viejos que los atrasaron, porque no hubo una educación social a la par de una académica. Por eso la población penal y delictiva tiene tanta población negra. No ha habido acceso de negros al poder. Los que hablan por esa población negra son blancos.

Dejé la ingeniería porque no era lo mío, me puse a estudiar música. Ese fue uno de los conflictos con la familia dejar la universidad en una familia comunista. Me llamo Ernesto porque mi padre fue Guevarista a más no poder. Por curiosidad personal me he leído todo lo que escribió el Che, conocí a su padre y eso me hizo saber que yo no era comunista.

Desde la secundaria me daba cuenta de las diferencias de clase, de que la gente que estaba en el poder no era el pueblo. Empecé a escribir para algunas publicaciones juveniles, a conocer un mundo de gente interesante. Un día llegué a una emisora de radio y me metí a trabajar. Me echaron de ahí porque empecé a decir cosas. Luego vi la posibilidad de saltar a la televisión. Con un amigo fotógrafo empecé a hacer cine y documentales con una camarita de cuerda. Entré a la escuela de cine y filmé un corto de ficción sobre la guerra de Angola que resultó muy polémico en Cuba.

Después me di cuenta de que me votaban de todas partes, que lo único que no daba problemas eran los video-clips y me dediqué a hacer eso. Conseguí cosas bastante interesantes, pero lo que yo quería era salir de Cuba. Estaba harto, estaba deteriorado. Tenía una úlcera, y muchos problemas con todo mundo, no podía trabajar.

Llegué a México en mayo del 94, con una invitación de la Universidad de Guadalajara, era la octava invitación para salir que recibía. El gobierno me había impedido aceptar las siete anteriores pero las cosas cambiaron. Decidieron quitarse de encima a todos los contestatarios, yo entré en ese paquete.

Muchas personas creen que el exilio de intelectuales y artistas cubanos ha sido casual, pero no es así. Se trata de una estrategia cabrona de Castro y sus secuaces para quitarse de encima a una parte pensante de la población, la cual podía convertírsele en una oposición seria dentro del país.

Y así andamos por todo el mundo más de tres millones de cubanos con la isla a cuestas, prisioneros de la nostalgia, por un país que nos arrebataron, soñando con la salvación de esa tierra que, a su pesar, ha sabido ser santa en su historia, en sus paisajes, en su música y en su gente. Porque ser cubano, lo mismo en el Polo Norte que en Hong Kong, sigue siendo una fiesta innombrable.